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martes, 25 de octubre de 2011

Nanas de la Cebolla, de Miguel Hernández, 1910-1942.

( Dedicadas a su hijo, a raíz de recibir en la cárcel una carta de su mujer,
en la que le decía que no comía más que pan y cebolla)
.
La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.
.
En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.
.
Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te traigo la luna
cuando es preciso.
.
Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en tus ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que mi alma al oírte
bata el espacio.
.
Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.
.
Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.
.
La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!
.
Desperté de ser niño:
nunca despiertes.
Triste llevo la boca:
ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.
.
Ser de vuelo tan lato,
tan extendido,
que tu carne es el cielo
recién nacido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!
.
Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.
.
Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.
.
Vuela niño en la doble
luna del pecho:
él, triste de cebolla,
tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa ni
lo que ocurre.

domingo, 28 de agosto de 2011

La preocupación de los padres sobre sus hijos en Siddharta.

"-¡Pregunta al río, amigo! ¡Escucha su risa! ¿Realmente crees que has cometido tú esas necedades para ahorrárselas a tu hijo? ¿Acaso puedes protegerlo contra el Sansara? ¿Y cómo? ¿Con la doctrina, con oraciones, advertencias? Amigo, ¿has olvidado totalmente aquella historia, la del hijo de un brahmán, llamado Siddharta, que me contaste, aquí mismo? ¿Quién ha protegido del Sansara al samana Siddharta? ¿Quién del pecado, de la codicia, de la necesidad? ¿Lo pudo custodiar la piedad de su padre, las advertencias de los profesores, sus propios conocimientos, su propia búsqueda? ¿Qué padre o qué profesor han conseguido evitar que él mismo viva la vida, se ensucie con la existencia, se cargue de culpabilidad, beba el brebaje amargo, encuentre su camino? Amigo, ¿acaso creías que ese camino se lo podías ahorrar a alguien? ¿Quizá a tu hijo, porque lo amas y desearías ahorrarle penas, dolor y desilusiones? Aunque te murieras diez veces por él, no conseguirías apartarlo en lo más mínimo de su destino."

Genial este párrafo de Herman Hesse, ese miedo que todo padre siente sobre el destino de su hijo, esa sobre protección, el querer evitarle todo sufrimiento, ya que es un pájaro joven que no sabe nada sobre la vida, al que todos pueden engañar y no sabrá cuidarse de si mismo ni sobrevivir en la crueldad del mundo real.

Pues bien, a esos mismos padres, llegado el momento, nadie les ayudó ni les explicó lo que tenían que hacer en cada situación, lo fueron descubriendo por el camino. De eso habla este libro principalmente, de que la vida es un camino de descubrimiento, en todos los aspectos. De la vida, pero también de uno mismo. No hay destino, el camino es el destino en sí mismo, y nadie puede ayudarnos a caminar el nuestro.